certmundo.
es‑mx

6 min de lectura

¿Cuáles son los principales factores de riesgo cardiovascular?

Los factores de riesgo cardiovascular son condiciones o hábitos que aumentan la probabilidad de que tu corazón o tus arterias sufran daño con el tiempo.

El día que don Ramón dejó de ignorar el papel del médico

Ramón tiene 52 años y trabaja en una bodega de distribución en Ecatepec. En marzo pasado, fue a una revisión médica del IMSS casi por accidente: su esposa lo convenció a última hora. El médico le entregó un papelito con cuatro números. Ramón lo dobló, lo metió al bolsillo de su pantalón y no lo volvió a ver.

Ese papelito decía que su presión arterial era de 145/95, su glucosa en ayuno era de 118 mg/dL y su colesterol total superaba los 220 mg/dL. Ninguno de esos números le dolía. Ninguno le impedía trabajar. Por eso los ignoró.

Lo que Ramón no sabía es que esos tres datos, combinados con su hábito de fumar cinco cigarros al día y sus doce horas sentado manejando un montacargas, lo colocaban en el grupo de mayor riesgo para sufrir un infarto antes de los 60 años. Y él ni siquiera lo sabía.

El problema con los riesgos que no duelen

Las enfermedades cardiovasculares matan a más de 200,000 personas en México cada año. Eso equivale a más de 500 muertes diarias, solo por problemas del corazón y los vasos sanguíneos. El dato sorprendente es este: la mayoría de esas personas tenían factores de riesgo identificables años antes de morir, pero nunca los atendieron.

La razón es simple. Los factores de riesgo cardiovascular casi nunca duelen. No tienen síntomas obvios al principio. Trabajan en silencio, dañando tus arterias milímetro a milímetro, año tras año.

Entender cuáles son esos factores es la diferencia entre actuar a tiempo y llegar tarde.

Hipertensión: la presión que destruye sin avisar

La hipertensión arterial es el factor de riesgo más común en México. Más del 40% de los adultos mayores de 30 años la tienen, y casi la mitad no lo sabe.

Como aprendiste en la lección anterior, el ventrículo izquierdo es la cavidad más esforzada del corazón. Cuando tu presión arterial es alta de forma crónica, ese ventrículo tiene que empujar la sangre contra una resistencia mayor. Con el tiempo, el músculo se engrosa, se vuelve rígido y empieza a fallar.

Una presión normal es menor a 120/80 mmHg. Si tu presión está consistentemente por encima de 130/80, ya se considera hipertensión. Y si supera 140/90, el riesgo de infarto y derrame cerebral se multiplica por tres.

Diabetes y glucosa alta: el azúcar que corroe las arterias

La diabetes tipo 2 daña los vasos sanguíneos desde adentro. Niveles altos de glucosa en la sangre actúan como un abrasivo microscópico sobre las paredes de tus arterias. Las inflaman. Las hacen más rígidas. Las hacen más propensas a acumular placa de grasa.

México tiene uno de los índices más altos de diabetes en América Latina. Más de 14 millones de mexicanos viven con esta condición. Muchos de ellos también tienen hipertensión o colesterol alto al mismo tiempo, lo que se llama síndrome metabólico.

Una glucosa en ayuno mayor a 100 mg/dL ya es una señal de alerta. Mayor a 126 mg/dL en dos ocasiones confirma diabetes. Si tienes diabetes y no la controlas, tu riesgo cardiovascular es entre dos y cuatro veces mayor que el de alguien sin diabetes.

Colesterol alto: la grasa que tapa las tuberías

El colesterol LDL, conocido como colesterol "malo", se deposita en las paredes de las arterias y forma placas. Esas placas se endurecen con el tiempo. Se llama aterosclerosis.

Cuando una placa se rompe de repente, el cuerpo manda células para "tapar" la rotura. Ese tapón puede obstruir la arteria por completo. Si eso pasa en una arteria coronaria, es un infarto. Si pasa en una arteria del cerebro, es un derrame.

Un colesterol LDL menor a 100 mg/dL es lo ideal para la mayoría de las personas. Si tienes otros factores de riesgo, como diabetes o hipertensión, la meta baja aún más. Una dieta alta en grasas saturadas, como la de muchos trabajadores de oficina que almuerzan en fondas con comida frita todos los días, puede elevar tu LDL sin que lo notes.

Tabaquismo: el hábito que adelgaza tus años

Fumar es uno de los factores de riesgo más estudiados y más dañinos. Los químicos del cigarro dañan el recubrimiento interior de las arterias, reducen el oxígeno disponible para el corazón y hacen que la sangre se coagule más fácilmente.

Una persona que fuma 10 cigarros al día tiene el doble de probabilidad de sufrir un infarto que alguien que nunca ha fumado. Y el riesgo es proporcional: más cigarros, más daño.

La buena noticia es que el riesgo empieza a bajar casi de inmediato al dejar de fumar. A los cinco años de haber dejado el cigarro, tu riesgo cardiovascular se acerca al de alguien que nunca fumó.

Sedentarismo: el enemigo invisible del siglo XXI

México es uno de los países con mayor sedentarismo en América Latina. Según datos recientes, más del 60% de los adultos mexicanos no cumple con los 150 minutos semanales de actividad física moderada que recomienda la Organización Mundial de la Salud.

El sedentarismo favorece la acumulación de grasa abdominal, eleva la presión arterial y reduce la capacidad del corazón para trabajar eficientemente. No tienes que correr un maratón para hacer diferencia. Caminar 30 minutos al día, cinco días a la semana, ya tiene un impacto medible en tu salud cardiovascular.

Piensa en alguien que trabaja en atención al cliente en un call center del centro de la Ciudad de México. Pasa ocho horas sentado, tarda dos horas en transporte y llega a casa agotado. Es un patrón cotidiano para millones de mexicanos, y es una combinación silenciosamente peligrosa.

Otros factores que no debes ignorar

Además de los cinco grandes, existen factores que agravan el riesgo de manera importante.

El estrés crónico eleva las hormonas del cortisol y la adrenalina, que a su vez suben la presión y aceleran el daño arterial. Un empleado de logística que maneja pedidos de última hora en temporada alta de Mercado Libre, con turnos de doce horas y sin días de descanso, tiene un nivel de estrés que literalmente daña su corazón.

El sobrepeso y la obesidad concentran grasa alrededor de los órganos internos. Esa grasa visceral produce sustancias inflamatorias que dañan las arterias. En México, más del 75% de los adultos tiene sobrepeso u obesidad.

Los antecedentes familiares también cuentan. Si tu papá tuvo un infarto antes de los 55 años, o tu mamá antes de los 65, tu riesgo genético es significativamente mayor. Este factor no lo puedes cambiar, pero sí puedes controlar los demás con más cuidado.

Lo que Ramón hizo diferente

Tres meses después de doblar ese papelito, la esposa de Ramón lo encontró y lo leyó. Esa tarde hablaron. A la semana siguiente, Ramón volvió al médico.

Empezó con un cambio pequeño: dejó de fumar y comenzó a caminar 20 minutos cada mañana antes de entrar a la bodega. Su médico le recetó un medicamento para la presión y le explicó qué debía comer diferente. Seis meses después, su presión bajó a 128/82, su glucosa regresó a 95 mg/dL y había perdido cuatro kilos.

Ramón no hizo nada extraordinario. Solo aprendió a leer los números que ya tenía frente a él.

Conocer tus factores de riesgo no significa que vas a tener un infarto. Significa que tienes información para evitarlo. Esa es exactamente la diferencia entre ignorar un papelito y doblar las probabilidades de llegar sano a los 70.

Puntos clave

  • La hipertensión arterial afecta a más del 40% de los adultos en México y es el factor de riesgo cardiovascular más frecuente. Una presión mayor a 130/80 mmHg ya requiere atención médica.
  • La diabetes tipo 2 daña las paredes de las arterias desde adentro. Tener diabetes sin controlar multiplica entre dos y cuatro veces el riesgo de sufrir un infarto.
  • El colesterol LDL alto forma placas en las arterias que pueden romperse y causar un infarto o derrame cerebral de manera súbita, incluso sin síntomas previos.
  • El sedentarismo afecta a más del 60% de los adultos mexicanos. Caminar 30 minutos al día, cinco días a la semana, ya reduce el riesgo cardiovascular de forma medible.
  • La mayoría de los factores de riesgo cardiovascular no duelen ni dan síntomas al principio. Conocerlos mediante revisiones médicas regulares es el primer paso para reducirlos.

Comparte esta lección: