certmundo.
es‑mx

6 min de lectura

¿Cómo identificar los peligros biológicos, químicos y físicos en los alimentos?

Un peligro alimentario es cualquier agente que puede causar daño a la salud del consumidor si no se controla a tiempo.

El día que una línea de producción se detuvo por un tornillo

En una planta de lácteos en Querétaro, una auditoría interna detectó fragmentos de metal en un lote de queso fresco. El lote fue retenido. La investigación reveló un tornillo desprendido de una mezcladora. Ese incidente costó más de $180,000 en producto destruido, horas de paro y reauditoría. Todo por no tener un sistema claro para identificar peligros físicos antes de que lleguen al consumidor.

Identificar peligros no es adivinar. Es un proceso sistemático. En HACCP, este proceso tiene un nombre: Análisis de Peligros. Y el primer paso de ese análisis es saber exactamente qué tipo de peligro estás buscando.

El sistema de los tres tipos de peligros

Todos los peligros alimentarios se agrupan en tres categorías. Este esquema es universal y está reconocido por la NOM-251-SSA1-2009 y por el Codex Alimentarius.

Tipo 1: Peligros biológicos Son microorganismos o sus toxinas. Incluyen bacterias, virus, parásitos y hongos.

Tipo 2: Peligros químicos Son sustancias que contaminan el alimento. Pueden ser naturales o introducidas durante el proceso.

Tipo 3: Peligros físicos Son objetos o materiales que no deben estar en el alimento. Pueden causar daño mecánico al consumidor.

Conocer estas tres categorías te permite hacer preguntas precisas en cada etapa de tu proceso. No preguntes "¿hay algún problema aquí?". Pregunta: "¿Hay un peligro biológico, químico o físico en esta etapa?"


Peligros biológicos: el riesgo más frecuente

Los peligros biológicos son los más comunes en la industria alimentaria mexicana. Representan la mayoría de los brotes de enfermedades transmitidas por alimentos (ETA) registrados por la Secretaría de Salud cada año.

Los microorganismos más relevantes son:

  • Salmonella spp.: presente en huevo, pollo y vegetales mal lavados.
  • Listeria monocytogenes: resiste temperaturas de refrigeración. Es crítica en productos listos para comer.
  • Escherichia coli O157:H7: asociada a carne molida y productos frescos.
  • Staphylococcus aureus: se multiplica cuando el personal manipula alimentos sin higiene adecuada.
  • Hepatitis A y Norovirus: virus transmitidos por manipuladores infectados o agua contaminada.

Ejemplo práctico en contexto mexicano

Bimbo produce pan de caja en líneas de alta velocidad. El pan horneado sale del horno a temperaturas internas de más de 90 °C, lo que elimina patógenos. Pero si el pan se enfría en una zona no controlada o se empaca con manos sin guantes, puede recontaminarse con Staphylococcus aureus. El peligro biológico no desaparece para siempre: puede regresar después del paso de control.

Por eso el análisis de peligros biológicos no se hace una sola vez. Se revisa en cada etapa: recepción, almacenamiento, proceso, enfriamiento y empaque.

¿Cuándo es un peligro significativo?

No todo microorganismo representa un riesgo igual. En HACCP debes evaluar dos factores:

  1. Probabilidad de ocurrencia: ¿qué tan probable es que ese microorganismo esté presente?
  2. Severidad del daño: ¿qué tan grave es la enfermedad que puede causar?

Un peligro con alta probabilidad y alta severidad exige un Punto Crítico de Control (PCC). Uno con baja probabilidad y baja severidad puede manejarse con un Programa de Prerrequisitos (PPR).


Peligros químicos: silenciosos pero graves

Los peligros químicos no siempre son visibles. Eso los hace más difíciles de detectar sin un análisis sistemático.

Se dividen en tres grupos principales:

Químicos de origen natural

Algunos alimentos contienen toxinas propias. La histamina en pescado mal refrigerado es un ejemplo clásico. Las micotoxinas producidas por hongos en maíz o cacahuate son otro. La aflatoxina B1, producida por Aspergillus flavus, es cancerígena y está regulada por la NOM-188-SSA1-2002 en maíz y sus derivados.

Químicos añadidos intencionalmente pero en exceso

Los aditivos alimentarios están permitidos, pero solo en las concentraciones que establece la NOM-051-SCFI/SSA1-2010. Si un operador añade más conservador del permitido porque "quiere que dure más", eso es un peligro químico real. Lo mismo aplica con colorantes artificiales o sulfitos en frutas deshidratadas.

Químicos no intencionales

Estos son los más peligrosos porque nadie los planea. Incluyen:

  • Residuos de plaguicidas en frutas y verduras frescas.
  • Lubricantes industriales que caen sobre el alimento desde maquinaria sin mantenimiento.
  • Residuos de detergentes o sanitizantes cuando el enjuague no es suficiente.
  • Metales pesados como plomo o cadmio en agua o envases inadecuados.

Ejemplo práctico

Una empresa proveedora de FEMSA que embotella jugos naturales utilizaba un sanitizante a base de cloro para limpiar sus tanques. Si el proceso de enjuague no se documenta ni se verifica, pueden quedar residuos de cloro que superen los límites permitidos por la NOM-127-SSA1-1994. Ese residuo es un peligro químico identificable y prevenible con un Programa de Prerrequisitos de limpieza y desinfección bien establecido.


Peligros físicos: los más visibles, los más evitables

Un peligro físico es cualquier objeto extraño que puede causar daño al consumidor: cortes en la boca, fracturas dentales, perforación interna o asfixia.

Los peligros físicos más comunes en plantas de alimentos en México son:

Peligro físico Fuente probable
Fragmentos de metal Desgaste de maquinaria, utensilios dañados
Astillas de madera Tarimas, pallets, cajas
Fragmentos de vidrio Frascos rotos, focos sin protección
Huesos o espinas Proceso de deshuesado manual deficiente
Piedras o tierra Materias primas sin limpiar (frijol, arroz, granos)
Plástico duro Empaques rotos, clips, bolígrafos

¿Cómo se detectan?

Los peligros físicos se controlan con tecnología específica:

  • Detectores de metales: obligatorios en muchas certificaciones como SQF o BRC. Detectan fragmentos ferrosos y no ferrosos.
  • Rayos X industriales: detectan metales, vidrio denso y huesos. Usados en plantas de carnes procesadas.
  • Mallas y tamices: retienen partículas grandes en líquidos y polvos.
  • Inspección visual con buena iluminación: indispensable en procesos manuales.

Ejemplo práctico

Una procesadora de chiles en Guanajuato recibe materia prima directamente del campo. El chile seco puede contener piedras pequeñas, ramas y hasta insectos. Sin una etapa de limpieza y cribado al inicio del proceso, esos peligros físicos avanzan hasta el producto terminado. La solución es definir esa etapa de limpieza como un punto de control y documentar que se realiza correctamente en cada lote.


Cómo aplicar este análisis en tu proceso

Cuando hagas tu análisis de peligros, sigue estos pasos para cada etapa del proceso:

  1. Lista todos los ingredientes y pasos del proceso desde recepción hasta distribución.
  2. Para cada etapa, pregunta: ¿puede haber un peligro biológico aquí? ¿Uno químico? ¿Uno físico?
  3. Evalúa la probabilidad y la severidad de cada peligro identificado.
  4. Decide si es significativo: si lo es, puede ser candidato a PCC. Si no, lo controlas con un PPR.
  5. Documenta todo: la NOM-251-SSA1-2009 exige que el análisis de peligros esté por escrito y sea revisable ante una auditoría de COFEPRIS.

No necesitas identificar docenas de peligros en cada etapa. Necesitas identificar los peligros reales y relevantes para tu proceso específico. Una tortillería industrial no tiene los mismos peligros que una planta de mariscos. El análisis debe ser tan específico como tu producto.


Errores comunes al identificar peligros

Error 1: Ignorar los peligros químicos naturales Muchos equipos se enfocan solo en microorganismos y en objetos extraños. Las micotoxinas en granos o la histamina en atún son peligros químicos que ocurren naturalmente y que COFEPRIS puede detectar en una inspección.

Error 2: Asumir que el proveedor ya controló el peligro Si tu proveedor de pollo dice que ya aplicó HACCP en su planta, eso no elimina tu responsabilidad. Tu análisis de peligros empieza en el momento en que esa materia prima entra a tu proceso.

Error 3: Hacer un análisis genérico copiado de otro plan Usar una plantilla genérica sin adaptarla a tu planta, tu equipo y tus ingredientes es uno de los errores más frecuentes. COFEPRIS y los auditores de clientes como Liverpool o Walmart México lo detectan de inmediato.

Error 4: No actualizar el análisis cuando cambia el proceso Si introduces una nueva máquina, un nuevo proveedor o un nuevo ingrediente, el análisis de peligros debe actualizarse. Un documento estático no refleja la realidad de tu planta.


Identificar correctamente los tres tipos de peligros es la base de todo el sistema HACCP: sin ese diagnóstico preciso, los controles que apliques después son solo suposiciones.

Puntos clave

  • Los peligros alimentarios se dividen en tres tipos: biológicos (microorganismos y toxinas), químicos (sustancias naturales o añadidas) y físicos (objetos extraños). Reconocer esta clasificación es el primer paso del análisis de peligros.
  • Los peligros biológicos son los más frecuentes en México. Patógenos como Salmonella, Listeria y E. coli deben evaluarse en cada etapa del proceso, no solo en la cocción o el tratamiento térmico.
  • Los peligros químicos incluyen residuos de plaguicidas, lubricantes industriales, sanitizantes mal enjuagados y toxinas naturales como aflatoxinas. Son silenciosos y requieren controles documentados desde los proveedores.
  • Para cada peligro identificado debes evaluar su probabilidad de ocurrencia y la severidad del daño que puede causar. Solo los peligros significativos requieren un PCC; los demás se controlan con Programas de Prerrequisitos.
  • El análisis de peligros debe ser específico para tu planta, tu proceso y tus ingredientes. Usar plantillas genéricas o no actualizarlo cuando cambia el proceso son errores que COFEPRIS y auditores de clientes detectan de inmediato.

Comparte esta lección: